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domingo, 7 de agosto de 2016

Pensiones II: ¿capitalización, reparto o ambos?



"Los desafíos que enfrentan los sistemas de pensiones son tales, que el mejor sistema (o el menos malo, si se quiere) es uno que mezcle lógicas distintas. Si hay un shock macroeconómico y estoy desempleado de joven, un sistema de reparto permite cofinanciar mi pensión de viejo con aportes de los futuros jóvenes. Si la longevidad se extiende, el ahorro acumulado está mejor protegido porque permite pagar una cantidad fija de años".
Pocos debates generan tanta pasión como el de pensiones. Quiero mencionar tres razones para ello, de entre muchas otras. Primero, el Estado de bienestar fue el caballo de batalla de la socialdemocracia que se batía entre el capitalismo salvaje y el comunismo.
Uno de los intelectuales más influyentes de la socialdemocracia, T.S Marshall, planteó enCiudadanía y clase social que los derechos sociales, de los cuales los previsionales son uno, es la continuación de una evolución que comenzó con los derechos civiles en el siglo XVIII y los derechos políticos en el siglo XIX. 
Por su parte, la principal obra de Hayek, padre del neoliberalismo, llamada Camino de servidumbre, planteaba que ese Estado de bienestar era el inicio de un proceso que llevaba finalmente a la domesticación del individuo y, en La Constitución de la Libertad,que “una persona que está dispuesta a entregar parte de su libertad por un poco de seguridad no merece ni la libertad ni la seguridad”.
Segundo, desde la creación del sistema de reparto por Bismarck, en 1889, los sistemas de pensiones se organizaron en torno a tres ideas: reparto, administración estatal y beneficios definidos. El antiguo sistema chileno tenía fundamentalmente esas mismas características. Sin embargo a lo largo del siglo XX muchos países adaptaron sus modelos abandonando como máximo dos de las tres ideas fundadoras del esquema bismarckiano. 
Por ejemplo, en Inglaterra y Holanda aparecieron fondos de pensiones asociados a empresas y de beneficio definido. En Francia en la administración del sistema se le dio un rol primordial a los sindicatos y gremios. 
Finalmente, en Singapur se creó en 1950 un sistema de capitalización individual y contribución definida pero de gestión estatal. La reforma chilena de 1980 fue la primera que desechó los tres componentes del modelo bismarckiano.
Tercero, el origen dictatorial de la reforma genera rechazo a unos y nostalgia a otros. No solo eso, la arrogancia de los creadores del sistema y las promesas excesivas, triunfalistas, basadas en estimaciones teóricas sin base en la realidad, son también un motivo de encendidas pasiones.
O sea, estamos hablando de un tema donde las sensibilidades son altas y hay que cuidar las formas y ser precisos. La discusión sobre el diseño del sistema de pensiones debe considerar estos elementos políticos y sociológicos, pero en mi opinión ellos deben hacerse sobre la base de elementos técnicos en el ámbito de lo previsional, laboral, fiscal y microfinanciero que permitan tomar decisiones políticas responsables.
Vamos entonces por el árido mundo de los conceptos técnicos.
Dos conceptos clave: seguro y ahorro
Imagine que Ud. tiene un objetivo cualquiera –comprar un televisor, una casa o hacer un viaje– y se pregunta cómo financiarlo. La respuesta intuitiva es que Ud. deberá ahorrar. ¿Por qué mejor no compra un seguro para financiar el televisor en un momento dado? Ud. podría pagar una prima por algunos meses y ejercerla al momento deseado.
La respuesta es simple: nadie se lo va a vender porque la compra de ese televisor, casa o viaje es un evento cierto. Nadie tampoco estará disponible a contribuir comprando una póliza si es seguro que Ud ejercerá el derecho de compra. Para funcionar los seguros requieren que haya un riesgo involucrado. 
Por ejemplo, Ud. puede comprar un seguro contra accidentes porque el accidente es algo que puede ocurrir como puede no ocurrir. En un seguro muchos adquieren el derecho a recibir una compensación si algo ocurre –un accidente en ese ejemplo–, lo que se financia con los aportes de todos los que compren una prima y no les ocurre el evento. Para que un seguro sea viable debe haber muchos contribuyentes ciertos que financian a pocos beneficiarios inciertos. Sin estas características, un esquema de seguro no es viable.
El sistema de reparto es conceptualmente un seguro (social)
El sistema de reparto funciona como un seguro. 
Cuando fue creado en 1889 en la Alemania de Bismarck, se fijó arbitrariamente la edad de jubilación a los 70 años cuando la expectativa de vida era 45. 
Ese sistema era financieramente sostenible porque muchos trabajadores activos financiaban a muy pocos retirados a los 70 años. 
Además de eso, el punto es que a dicha edad la sobrevivencia de esas personas en un determinado período era incierta. Con los parámetros de Bismarck, el sistema de reparto podía funcionar porque la edad legal de jubilación estaba cerca de la expectativa de vida.
Lo que ocurrió en todo el mundo, desde aquel lejano 1889, es que estas dos variables se movieron en sentidos opuestos. La edad legal de jubilación se redujo en Alemania en 1916 a 65 años y muchos países en el mundo adoptaron esa edad como referencia para la jubilación. 
Simultáneamente, las mejoras en la sanidad de las aguas, la alimentación y la medicina fueron gradualmente incrementando las expectativas de vida.
La primera estimación de expectativa de vida que conozco fue hecha en Suecia en 1840 y alcanzaba a 46 años. Desde entonces, todas las estimaciones de expectativa de vida realizadas a través del mundo no hacen sino subir. 
Dicho incremento en la longevidad ha tratado de ser estimado por Naciones Unidas en tres oportunidades (1986-1999-2001), siempre con la idea de que se producirá en algún momento alguna convergencia y nada de eso ocurre.
 Chile ha seguido el mismo patrón y de hecho la expectativa de vida de Chile es igual o superior a la de varios países desarrollados, por ejemplo, Estados Unidos. La mujer chilena es particularmente longeva, casi al nivel de las japonesas.
De esta manera en todos los países del mundo, incluido Chile, la edad legal de jubilación ha cambiado poco o nada, mientras que las expectativas de vida se han incrementado fuertemente.
Podemos volver ahora a la discusión de ahorro versus seguro. En Chile al año siguiente del retiro la probabilidad de sobrevivir es más del 99%. 
Es casi cierto que una mujer que llega a los 60 años, llegará a los 61. Hagamos el paralelo con aquello que uno quisiera comprar –una casa, digamos: es tan cierto que la persona vivirá ese año adicional como probable es que compre la casa–. Un evento cierto podría financiarse con seguro pero a precios desorbitantes que lo hacen inviable.
Esto se ve agravado por la discusión que vimos en la columna de ayer sobre demografía: la mayor longevidad y la caída en la tasa de natalidad (un 29% de caída en tasa de fecundidad entre 1990 y 2011) hacen que haya cada vez menos trabajadores activos y más trabajadores pasivos. 
Además a estos hay que financiarles una sobrevida que inicialmente tendrá lugar con mucha certeza. Así, para financiar un sistema de este tipo se necesitarían tasas de cotización muy superiores a las actuales. 
A pesar que no hay estudios actuariales que estimen una tasa de cotización constante en un horizonte de 50 años –lo que es razonable en el contexto de la discusión previsional–, la tasa de impuesto fija necesaria para financiar pensiones al doble del nivel actual debe ser del orden de 30%, es decir, unas 3,0 veces el monto del actual impuesto en Chile. Esto es inviable.
¿Quiere decir esto que hay que mantener el sistema de capitalización sin más?
No. La capitalización por sí sola tampoco logra resolver el problema que enfrentamos, el demográfico.
De ahorro/capitalización a seguro/reparto
En efecto, por más que se incremente la longevidad, en algún momento los seres humanos fallecemos. Eso no ha cambiado. Antes de fallecer, sin embargo, la probabilidad de que ocurra el deceso va en aumento. 
Siguiendo la misma lógica anterior, si justo después del retiro el financiamiento de una pensión debe hacerse con ahorro, a medida que pasa el tiempo y la probabilidad de sobrevida decae, tiene lógica que las pensiones se financien con seguro. En algún momento durante la vida pasiva la pensión inicialmente financiada con ahorro debe ser financiada con un seguro. En algún momento durante la vida pasiva se debe transitar de un sistema de ahorro y capitalización a uno de seguro y reparto.
La demografía afecta al sistema de reparto y al de capitalización
Algunas personas señalan estos problemas del sistema de reparto para descalificarlo –tal como lo acabo de hacer–, pero sugiriendo que los problemas demográficos no afectan a un sistema de capitalización. Eso es un error.
Lo que pasa es que la variable de ajuste de uno y otro difieren. En el sistema de reparto, la variable de ajuste es el presupuesto estatal en la medida que no se puedan reducir beneficios o incrementar los ingresos. 
En el sistema de capitalización es el nivel de las pensiones y, si hubiera un financiamiento estatal de base como en Chile con el Pilar Solidario, el presupuesto de la nación.
Conclusión: el mejor sistema debe integrar ahorro y seguro
Los desafíos que enfrentan los sistemas de pensiones son tales, que el mejor sistema (o el menos malo, si se quiere) es uno que mezcle lógicas distintas. 
Si hay un shock macroeconómico y estoy desempleado de joven, un sistema de reparto permite cofinanciar mi pensión de viejo con aportes de los futuros jóvenes. Si la longevidad se extiende, el ahorro acumulado está mejor protegido porque permite pagar una cantidad fija de años.
Antes de ver en la columna de mañana alternativas de organización del sistema previsional, incluyendo una propuesta concreta de integración de lógicas dentro de un sistema previsional reformado, es útil hacer dos reflexiones.
Primero, la integración de la lógica de ahorro y seguro no quita relevancia alguna al rol del Pilar Solidario. Este es fundamental y es necesario incrementarlo. Un concepto que no hemos discutido en este artículo es el de “beneficio definido”. 
En los sistemas previsionales tradicionales el beneficio que obtenían los jubilados estaba definido ex ante como proporción del salario. Esa definición del beneficio siendo de naturaleza política hace que su ajuste frente a circunstancias económicas cambiantes en horizontes de tiempo muy largos sea imposible de cumplir. La gran mayoría de los sistemas de reparto del mundo están avanzando en la manera de flexibilizar los beneficios que entregan. 
En el extremo estaba el sistema chileno de “contribución definida” que, sin Pilar Solidario, no garantizaba nada. Eso cambió con la reforma de 2008. Fortalecer el Pilar Solidario es necesario para dar más garantías de ingresos a un grupo de la población que, una vez llegado el momento de jubilar, tendrán cada vez menos capacidad de generar autónomamente recursos para vivir una vida digna.
Segundo, el que estemos defendiendo aquí la idea de que la primera fase del retiro debe ser financiado con ahorro, no significa que ese ahorro deba ser gestionado por las AFP como las conocemos.
Esa discusión requiere debatir dos cosas. Por un lado, si la previsión es considerada un derecho social –en el sentido obvio de que es un tema de suficiente entidad como para ser del interés público– es necesario discutir en qué condiciones puede ese servicio ser prestado por el sector privado. 
En el caso de la educación, ese debate llevó a pensar que las entidades educacionales sean sin fin de lucro y no puedan seleccionar.
¿Es lo mismo para previsión? 
No es lo mismo. Por otro lado, aun cuando pudieran existir entidades con fin de lucro que presten servicios previsionales, es necesario discutir cuáles y en qué condiciones. No es lo mismo gestionar ahorro financiero que prestar asesoría previsional. Este es un debate muy de fondo sobre el cual será necesario hacer un debate separado.
Guillermo Larraín
Ex Superintendente de AFP, de Valores y Seguros, y ex Presidente del BancoEstado.
Académico de la Universidad de Chile y consultor internacional en pensiones. 



viernes, 23 de octubre de 2015

Bravo busca mantener el actual sistema de AFP


La abogada se refiere al enfoque que ha dado el presidente de la comisión asesora sobre el sistema de pensiones, David Bravo, en distintas entrevistas sobre el informe elaborado por 24 comisionados y que se ha centrado en impulsar 58 medidas específicas, dejando en segundo plano las propuestas globales que pondrían en riesgo la estructura de la industria. 

Regina Clark, miembro comisión asesora de pensiones
“Las medidas que impulsa Bravo buscan mantener el actual sistema de AFP”


En su opinión, “sería muy bueno que pudiese dar la oportunidad de que se explayen todas las alternativas”. Además, la académica rechaza duramente que el economista haya señalado como una medida de equidad de género el aumento de jubilación de las mujeres, lo que califica como “un atentado”.
Tras la entrega del informe de la comisión asesora sobre el sistema de pensiones a mediados de septiembre, su presidente, David Bravo, ha dado una serie de entrevistas en diversos medios detallando el trabajo realizado por el equipo compuesto por 24 comisionados.
La mirada que ha plasmado públicamente el economista sobre el trabajo de la comisión, que además de entregar tres propuestas globales aprobó 58 medidas específicas, es que se lograría avanzar hacia un mejor sistema, que cerraría brechas, por ejemplo, con las tasas de reemplazo de la OCDE, adoptando solo estas medidas, sin necesidad de ser implementadas bajo el alero de alguna de las propuestas globales.
Opinión con la que no concuerda varios miembros del grupo que trabajó por 16 meses. Uno de ellas es la abogada especializada en derecho del trabajo y seguridad social, Regina Clark.
Dentro de estas 58 medidas se cuenta incrementar las tasas de cotizaciones desde el actual 10% hasta un 14%, la eliminación del retiro programado, o subir la edad de jubilación de las mujeres de 60 a 65 años. 
En tanto, las propuestas globales que contiene el informe son la “A”, que apunta a mantener el sistema de capitalización individual con modificaciones, o sea, mantiene la lógica de las AFP, y que fue votada por 12 integrantes; la alternativa “B” que apuesta por un sistema mixto y que en la práctica es un cambio estructural al modelo de las AFP , votada por 11 comisionados, y la opción “C”, que busca un sistema de reparto y que contó con un voto.
“En suma, hay dos miradas estratégicas: una que quiere mantener las cosas como están y otra que sí va por reformas estructurales, tanto desde un sistema mixto como de un sistema de reparto. Es muy importante que la ciudadanía y que los distintos grupos de discusión manejen que existen estas dos miradas. Y sería muy positivo que David diera la posibilidad de que se vieran estas posiciones”, asegura Clark.
La ex jefa de la División Jurídica del Ministerio de Educación detalla que “todos los comisionados sabíamos que estas 58 medidas tenían que ser discutidas dentro de las propuestas globales”. De hecho, existe una precisión dentro del informe que señala que debe considerarse que los integrantes de la comisión analizaron y votaron las 58 recomendaciones específicas “habiendo considerado que ello era compatible con la propuesta global que cada uno había impulsado”.
-¿Qué implica esta indicación?
-Que las propuestas específicas solo podían entenderse dentro de las propuestas globales que se habían acordado, o sea, la discusión de las medidas necesariamente requerían estar dentro de alguna de las propuestas, ya sea “A” o “B”. Por lo tanto, todos aquellos que estábamos por la propuesta “B” evaluamos las medidas específicas, e incluso hicimos algunas, considerando una reforma estructural. Aquí no corresponde señalar que toda la comisión aprobó unánimemente sin esta consideración las propuestas específicas y que estas son la solución. Hay una interpretación absolutamente errónea de la realidad, las propuestas específicas se consideraban dentro de las propuestas globales.

-¿Por qué es tan importante?
-Porque si vas a elevar cualquiera de estas 58 medidas –que no son cambios estructurales– que tenga que ver con el pilar de capitalización individual, es para entregar mayores recursos al sistema tal como está. Si, por ejemplo, subes la tasa de cotización, ¿dónde llegan esos recursos? Donde mismo están.

¿Qué saco con entregarles mayores recursos a las Administradoras de Fondos de Pensiones de esta misma forma, con este mismo régimen, si no hago transformaciones?

Estas 58 medidas tenían relación con la mirada estratégica que no apuntaba a una reforma estructural, sino a impulsar mejoras dentro del mismo sistema. Muchas de ellas si las introduces bajo el alero de la propuesta “B”, que tiene una mirada estratégica totalmente diferente a la “A”, pueden ser muy positivas. Por ejemplo, terminar con el retiro programado –que ha generado una serie de críticas– pero que en la práctica da pensiones decrecientes, lo que va absolutamente en contra del objetivo de la seguridad social.

Si impulsas esta medida bajo el prisma de la propuesta que mantiene la esencia del sistema de capitalización, se le da toda la fuerza al mercado de las rentas vitalicias y los seguros. Y todos conocemos que eso requiere un cambio sideral desde el punto de vista de la regulación para poder otorgar las pensiones. Pero muy distinto es decir que vamos a terminar con el retiro programado en el contexto de una reforma estructural como la que propone la alternativa “B”, con una mirada estratégica diferente, donde generas un cuadro diferente y vas a tener pensiones en capitalización individual que tendrán que dar buenas pensiones, porque no queda sometido solo al mundo de los seguros.
-Dentro de esa lógica, ¿qué te ha parecido la forma en que el presidente de la comisión ha puesto énfasis en que la implementación de las medidas, sin el marco de la propuesta “A” o “B” como pilar, serían suficientes para elevar drásticamente las pensiones y lograr cambios?
-Lo evalúo en la perspectiva de que transparentemente él apoyó la propuesta “A”, que comenzó con las medidas específicas. Obviamente muchas de las medidas que tienden a mejorar muchos de los aspectos del sistema de capitalización individual él las suscribe y, por lo tanto, cree que pueden resolver el tema. Veo una tendencia de mostrar una mirada bastante más sólida de hacer las reformas al interior, no estructurales, manteniendo el sistema.

A mí me parece que sería muy bueno que pudiese dar la oportunidad de que se explayen todas las alternativas. Ojalá el presidente de la comisión tenga la posibilidad de exponer las distintas alternativas e ir generando la discusión, que es lo que hoy se requiere.
-¿A qué te refieres con que la opción “A” empezó con las medidas específicas?
-Empezó como respuesta a la presentación que ahora es la propuesta “B”. Frente a eso comienzan estas medidas específicas. De hecho, lo discutimos, que más que propuesta “A” era una propuesta de medidas.
-¿Muchas de estas coincidían con las 58 medidas?
-Sí, la gran mayoría.
-¿Por qué crees que Bravo ha impulsado estas 58 medidas solas sin la mirada estratégica de alguna de las propuestas detrás?
-No te podría decir, es algo muy personal al interior de cada persona...
-Dicho de otra forma, ¿a quién beneficia eso?
-Obviamente se beneficia una mirada sin reformas estructurales, que en definitiva lo que quiere es mantener el sistema.
-¿O sea, beneficia a la industria de las AFP?
-Claro, buscan mantener el mismo sistema que existe hoy.
Regina Clark es especialmente crítica con una de las medidas específicas que se ha ventilado como una gran solución para las mujeres: subir la edad de jubilación de 60 a 65 años.
La ex jefa de la División Jurídica del Ministerio de Educación detalla que “todos los comisionados sabíamos que estas 58 medidas tenían que ser discutidas dentro de las propuestas globales”. 
De hecho, existe una precisión dentro del informe que señala que debe considerarse que los integrantes de la comisión analizaron y votaron las 58 recomendaciones específicas “habiendo considerado que ello era compatible con la propuesta global que cada uno había impulsado”.
“La idea de esta mirada es que hay que trabajar hasta morir para lograr una mejor pensión. En cambio, la mirada que apuesta por un cambio estructural del sistema de pensiones es que hay que cumplir con los derechos de las personas. Una persona tiene derecho a una pensión digna después de haber entregado todo lo que ha entregado en su vida activa y que la sociedad lo apoye para resolver las contingencias y pueda vivir tranquilamente. Esa es la gran diferencia”, sostiene.
Además, asegura haber quedado muy sorprendida “y en desacuerdo cuando escuché señalar a David Bravo que elevar la edad para jubilar de las mujeres es una medida de género contra la discriminación. Eso no es así y en el informe tampoco está así. Es un atentado contra la mujer. Es olvidarse absolutamente de la realidad de las mujeres y no es igualdad de género, es desigualdad. Yo no sé si se equivocó”, plantea.

La sorpresiva opción “A”
El economista Andras Uthoff, señalado como el líder intelectual de la propuesta “B”, también manifestó a este medio, a través de una entrevista, que estas 58 propuestas en sí mismas eran insuficientes, “porque sencillamente son más de lo mismo dentro de la lógica del sistema”.
Regina Clark coincide con esta percepción, y detalla que “con la propuesta “B” fuimos los primeros en presentar una alternativa diferente de cambio y ahí comenzaron las discusiones sobre lo que podía significar. Cuando se exponía la propuesta, existía mucha preocupación de parte de un grupo de la comisión para entenderla con mayor profundidad, porque no había otra propuesta. Entonces así fue generándose la propuesta “A”. Terminando la comisión, efectivamente comenzaron a generarse estas nuevas acciones de la propuesta “A” como para poder profundizarla y tomaron algunos aspectos de la propuesta “B”, para poder introducirlos dentro de sus fundamentos”
-¿Cómo te explicas esta situación?
-Un grupo, la mitad de la comisión, teníamos claridad de los objetivos que tenía que cumplir la necesidad de reforma que requería el sistema. Es decir, el mandato que teníamos nosotros, y con el que coincidimos, eragenerar una reforma estructural y teníamos claros esos objetivos. En cambio, el otro grupo aún no tenía claridad de cómo enfrentar este mandato que buscaba resolver precisamente cómo mejorar las pensiones. Había algunos comisionados que creían mucho en el sistema de capitalización individual y, por lo tanto, su percepción era hacer cambios que pudiesen ir perfeccionando el sistema más hacia el pilar solidario y mejorando ciertas alternativas en el sistema de capitalización individual, pero sin generar una reforma estructural.
Y así fueron conversando el tema y, cuando vieron que la propuesta “B” tenía solidez, mucha fundamentación y raigambre dentro de un porcentaje importante de los comisionados, comenzaron a darle una cierta estructuraa esta propuesta “A”. Así nació.
-Efectivamente. Incluso los pensionados que tienen aporte previsional solidario van a tener 47% más del ingreso mínimo de pensión, sin pensión básica.
-¿Cómo hicieron coincidir ese diagnóstico con las propuestas que efectuaron?
-Mi gran preocupación en ser parte de esta comisión era poder dar respuesta a ese diagnóstico. Creo que la respuesta tiene que ser una reforma estructural. Un sistema mixto, como dice la propuesta “B”, es un tremendo avance para ir resolviendo las grandes inequidades. La propuesta “A” no es ningún avance.
-O sea, en tu opinión, ni la propuesta “A” ni las 58 medidas específicas solas dan solución a este diagnóstico?
-Creo que la solución que mejora el diagnóstico es la propuesta B. Creo que tal vez la propuesta “A” puede mejorar algunas cosas dentro de la industria, pero no cumple con el objetivo de mejorar notablemente las pensiones, sobre la base de los derechos. Si esto no es solo para disminuir la pobreza en la vejez, sino que para cumplir con los objetivos y principios de la seguridad social. Al final todo el tema de la rentabilidad que un sector dice que es muy buena, jamás lo ha sido para la cuentas individuales.

lunes, 19 de octubre de 2015

AFP a la Comisión Bravo





La respuesta de las AFP a la Comisión Bravo: “Si no abordamos los problemas a tiempo no vamos a poder pagar buenas pensiones”





En una extensa entrevista con 'La Mesa' de El Mostrador Mercados, Rodrigo Pérez, presidente de la Asociación Gremial de Administradoras de Fondos de Pensiones, rescató como positivo que la comisión descartara totalmente volver a un sistema de reparto y afirmó que la única forma de dar legitimidad al sistema es otorgando pensiones dignas. Señaló que el sistema ya es mixto y que el Estado debe tener un rol importante en mejorarlo.

Las AFP finalmente están respondiendo a las propuestas de la Comisión Bravo y las 58 medidas específicas que hizo para mejorar las pensiones.

La comisión entregó tres propuestas a la Presidenta. La que recogió la mayor cantidad de votos (12) deja las bases intactas; una segunda opción, que recibió 11 votos, propone cambios dramáticos, pero deja a las AFP como los principales actores del sistema de pensiones; y la tercera propuesta, que obtuvo solo 1 voto, recomienda volver al sistema de reparto.

Desde las AFP hay acuerdo con lo que dijo el presidente de la Comisión, David Bravo, a este medio la semana pasada: el sistema como está funcionando ahora es una bomba de tiempo.

En una extensa entrevista con 'La Mesa' de El Mostrador Mercados, Rodrigo Pérez, presidente de la Asociación Gremial de Administradoras de Fondos de Pensiones, fue claro: “Si no abordamos los problemas a tiempo, no vamos a poder pagar buenas pensiones”.

Pérez rescató como positivo que la comisión descartara totalmente volver a un sistema de reparto y estimó que la única forma de dar legitimidad al sistema es otorgando pensiones dignas. Señaló que el sistema ya es mixto y que el Estado debe tener un rol importante en mejorarlo.

La Comisión Bravo y las AFP también están de acuerdo en que para mejorar las pensiones hay que elevar la tasa de cotización en cuatro puntos porcentuales y elevar la edad de jubilación. Ambas partes concuerdan, en general, en que esos cuatro puntos adicionales –que sumarían casi US$ 3.000 millones– deberían ser responsabilidad de los empleadores.

Pérez explicó en la entrevista la reacción de la industria a lo presentado por la comisión a la Presidenta: “El reporte tiene 3 propuestas globales de distintos sistemas de pensiones y después tiene 58 medidas particulares que fueron fruto del trabajo que tuvo la comisión, que podrían implementarse total o parcialmente para mejorar el sistema de pensiones que tenemos en Chile".

En ese sentido, especifica que "respecto de lo primero, rescato como positivo el que se haya descartado totalmente el volver a un sistema de reparto como el que planteaba la alternativa C, que algo de cobertura ha tenido y me parece muy bien. Hay una razón muy clara y fundamental que tiene que ver con el cambio demográfico que ha tenido y que va a vivir Chile en los próximos años".

Añade que "hay una cosa que es fundamental para esta decisión, que es que las personas en edad de trabajar, partido por personas en edad de jubilar, hoy día en Chile es 5 a 1. Sabemos con certeza que va a pasar de 1,8 a 1 en el año 2050, en 25 años más. Es decir, en una generación más. Hoy día si tenemos 5 trabajadores para financiar un trabajador pasivo en un sistema de reparto –que en eso consiste el sistema de reparto, le quita una parte del sueldo al que está trabajando para dársela al pasivo– va a caer a menos de 2. Eso, en conjunto con otros elementos que tienen un impacto muy negativo sobre el ahorro y la inversión, y que hacen que sea insostenible un sistema de reparto en el largo plazo, y otras razones que se detallan en el informe, solamente tuvo 1 voto el pasar a sistema de reparto total”.

Pérez –que durante el Gobierno de Sebastián Piñera fue ministro de Vivienda y Urbanismo, y previo a eso ejecutivo del sector financiero– admite que el sistema enfrenta problemas de legitimidad, pero rechaza la acusación de que para la gran mayoría el sistema actual arroja pensiones miserables.

“Lo de las pensiones miserables no es así. La pensión promedio que hoy está pagando el sistema de pensiones chileno es alrededor de 200 mil pesos, que en base estrictamente comparable es tres veces la pensión que pagaba el antiguo sistema", señala.

-Eso es miserable…
-Estamos totalmente de acuerdo en que tenemos que mejorar el monto de las pensiones, pero hay que tener presente lo siguiente: nosotros hemos dicho muchas veces que se requiere abordar una serie de desafíos en nuestro sistema de pensiones, pero también hay que tener claro que el sistema, para quienes han tenido una buena historia de cotizaciones, paga buenas pensiones, y de hecho la rentabilidad y seguridad de las inversiones destaca a nivel mundial. Lo que pasa es que tenemos en el mercado del trabajo chileno y en los cambios demográficos que hemos vivido, desafíos importantes que tenemos que abordar, porque si no los abordamos a tiempo efectivamente va a significar que no vamos a poder pagar buenas pensiones”.

-La semana pasada David Bravo dijo acá que si no se aborda y no se comienza ya, es una bomba de tiempo que va a explotar mucho antes de lo que la gente piensa.
-Yo estoy de acuerdo. Las expectativas de vida, desde que partió el sistema, en el caso de los hombres por ejemplo, aumentaron de 13 años a los 65, es decir, la esperanza de vida hace 33 años era que los hombres vivieran hasta los 78. Hoy estamos viviendo, afortunadamente, hasta los 85. 
Es decir, aumentó casi en un 50% la expectativa de vida. Con el mismo capital tenemos que financiar una pensión que es un 50% más larga. Esto requiere una combinación de medidas que son necesarias y tenemos que abordar, entre otras, aumentar la tasa de cotización, aumentar la edad de jubilación, igualarla en el caso de los hombres y las mujeres.
El sistema ha cumplido con manejar las platas en forma rentable y segura, pero eso no es suficiente porque tenemos problemas de lagunas previsionales, tenemos un aumento en las expectativas de vida, tenemos evasión y elusión, tenemos el mundo de los independientes que no cotizan. Tenemos desafíos que hay que abordar.

-La alternativa B deja intactas muchas cosas del sistema de las AFP, pero tiene un rol estatal de obligar a que cierta parte de la cotización vaya a un fondo común, el pilar solidario adquiere un rol mucho más importante y es mucho más mixto de lo que es actualmente. Hay mucha gente que cree que, desde el punto de vista político para legitimar el sistema, es la propuesta que se debería abordar con más seriedad. ¿Cuáles son los puntos que más molestan a la asociación o que ven como más peligrosos?
-Lo primero, en Chile ya tenemos un sistema mixto, y eso es muy importante. Desgraciadamente, a veces se habla de un sistema privado de pensiones, pero la verdad es que este es un sistema donde hay una pequeña parte –muy importante– que es la administración de las cuentas individuales que está delegada en el sector privado. Pero, primero es el Estado el que decide quiénes cotizan y cuánto se cotiza.

En segundo lugar, el Estado se hace cargo del pilar solidario, que es una muy buena cosa que se reformó el 2008. La reforma del 2008 fue una muy buena reforma desde el punto de vista técnico. En ese sentido, ya tenemos un sistema mixto. Lo que pasa es que el pilar solidario se financia con ingresos generales de la nación y no con un impuesto al trabajo. Pero tenemos un pilar solidario que se puede fortalecer manteniendo la cotización individual.

Respecto a la alternativa B, nosotros pensamos que sería una muy mala idea, porque esta alternativa básicamente lo que hace es que divide la cotización en dos, digamos hasta 300 mil pesos va a un sistema de reparto, y que adolece de los mismos problemas que tendría un sistema de reparto de 100%. Si ir a un sistema de reparto con un 100% es malo, ir a un sistema de reparto con el 50% de las cotizaciones también es malo, porque va a padecer de los mismos problemas que tiene un sistema de reparto total, solo van a ser de menor magnitud, pero van a ser problemas igual.

Legitimidad del sistema

Pérez es lapidario en manifestar que “un sistema se pensiones va a tener legitimidad en tanto sea capaz de pagar buenas pensiones y lo haga en forma sostenible en el tiempo. Cambiar un sistema de pensiones porque se dice que no tiene legitimidad, por un sistema más malo o que va a generar un tremendo problema en el futuro, quiere decir que vamos a tener un doble problema de legitimidad en el futuro. Por lo tanto, la legitimidad se consigue teniendo un buen sistema que pague buenas pensiones, pero que además sea sostenible en el tiempo”, precisa.

El presidente del gremio de AFP tiene críticas duras contra aspectos claves de la propuesta B, que sacó solo un voto menos que aquella que recomienda hacer cambios, pero siempre manteniendo a las AFP en control. La principal es que tiene un componente de reparto muy importante, “que yo creo es un grave error”, sentencia. “En vez se irse por ese camino, yo creo que lo que tenemos que hacer si queremos mejorar las pensiones es fortalecer el pilar solidario, donde hay mucho espacio para crecer. 
En Chile estamos destinando un 0,7% de PIB al pilar solidario. Y, ojo, cuando dices que el pilar solidario se financia por el Estado, el Estado somos todos los chilenos que pagamos impuestos. Ahí están los trabajadores, las empresas, los empresarios independientes. 
Es decir, entre todos financiamos el pilar solidario, por lo tanto, este es un sistema que tiene un componente solidario, que puede crecer más y yo creo que eso tiene que estar en el debate y nosotros coincidimos con que se puede fortalecer. Pero pasar a financiar esa solidaridad con un sistema de reparto creo que es un error, porque además de tener problemas de sostenibilidad en el tiempo, es regresivo”.

-Una de las medidas que más les molestaría es la del 4% que se le sacaría a las AFP e iría a un fondo común, aparte del sistema de reparto.
-Dos cosas, nosotros pensamos que ese aumento de tasa de cotización del 4% se necesita. Se necesita para las cuentas individuales para que se acumule un buen monto de ahorro, que para la vida completa te sube la pensión un 40%. Entonces creemos que no es bueno reducir esa cantidad, lo que se propuso es que vaya al pilar solidario. Entonces nosotros decimos mejor que esa plata del pilar solidario se ponga con ingresos generales de la nación, no con los recursos de los trabajadores. 
La Dipres tiene una proyección de que el gasto del Estado en pensiones va a disminuir de un 3,5% del PIB a un 1% del PIB, porque el sistema antiguo va a ir desapareciendo a medida que las personas que estaban en el sistema antiguo empiecen a morir. Entonces eso va a ir abriendo espacios y tenemos que pensar si queremos darle como país al tema del pilar solidario, seguramente para poner más plata ahí.

lunes, 21 de septiembre de 2015

Informe de “Comisión Bravo” genera descontento

NOTICIA: Los temas que generaron mayor controversia se vinculan al aumento en la edad de jubilación para mujeres y la ausencia del sistema de reparto en las propuestas del grupo asesor.
Los representantes de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y de la Central Autónoma de Trabajadores (CAT) se manifestaron insatisfechos con las indicaciones emanadas desde la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones, ayer martes 15 de septiembre. El principal defecto reside en la continuidad del sistema de capitalización individual, según afirmaron los dirigentes y Fundación Sol.
“Las indicaciones de la Comisión Bravo son insuficientes. Nos parece que el sistema de AFP no ha dado respuesta al tema de las pensiones y, además, tiene un problema de legitimidad de origen: fue impuesto a los chilenos en una época de dictadura”, señaló Nolberto Díaz, Vicepresidente de la CUT.
Karina Narbona, investigadora de Fundación Sol, también criticó la permanencia del sistema ideado por José Piñera. “Finalmente se terminó afianzando el modelo vigente, que tiene como columna vertebral el sistema de capitalización individual de las AFP y un apéndice, que sería el aporte desde el Estado. En este informe se afirma esa estructura, entonces, es una victoria para las AFP”.
Por su parte, Óscar Olivos, presidente de la CAT, manifestó que su organización respalda un sistema mixto, “en el cual la imposición de cada trabajador debiera ser un 20%, esto es, el 10% lo pone el trabajador, 5% lo pone el empleador y otro 5% lo pone el Estado. La administración sería a través de un organismo del Estado, con acción tripartita, donde estén empresarios, trabajadores y gobierno; y sin fines de lucro”.
La evaluación preliminar de Alejandra Candia, Directora del Programa Social de Libertad y Desarrollo (LyD), se detiene en el rechazo al sistema de reparto, por parte de la Comisión. “Nosotros valoramos que 24 de los 25 comisionados hayan desechado la idea sobre el sistema de reparto”, comentó.
¿Y el sistema de reparto?
Este punto genera distintas posturas por parte de los entrevistados. La CUT se manifestó a favor, pero bajo otras circunstancias del modelo económico.
“Lo que pasa es que todas las empresas estratégicas, incluida la telefónica, fueron privatizadas en dictadura, por tanto, el sistema de reparto no es viable en el modelo económico actual, pero la pregunta que uno debe hacerse es ¿por qué el resto de los países de la OCDE no ha adscrito al modelo de capitalización individual y mantienen, en su mayoría, un sistema de reparto solidario controlado por el Estado?”, apuntó Nolberto Díaz.
Desde Fundación Sol sostuvieron que un sistema de reparto tendría costos inferiores para el Estado: “Actualmente, de las jubilaciones que provienen de las AFP y de la compañía de seguros, de cada 100 pesos que se pagan en estas opciones, 56 son aportados por el Estado para subsidiar el sistema”, destacó Karina Narbona.
La antropóloga social comentó sobre un modelo desarrollado por Fundación Sol, que simula un sistema de reparto de aquí al 2065. “El modelo que proponemos recoge algo que existe en Chile y se conoce muy poco: un Fondo de Reserva estatal para las pensiones, que está ahí, se está acumulando y que, en el fondo, está en el caso de que falte plata. Ese fondo de reserva es 0,5% del PIB, actualmente. Nosotros proponemos seguir acumulándolo y, hacia 2035, cuando sea necesario, se puede utilizar”, agregó.
En este punto, el dirigente de la CAT descartó de plano la migración a un sistema de reparto solidario. “Nosotros entendemos que el sistema de reparto, que existía antiguamente, es absolutamente inviable, porque la cantidad de años que vive la gente hoy es mayor a la de 40 o 50 años atrás. Además, la cantidad que se cotiza para el fondo de pensiones es muy baja, un 10%, y antes era un 28%”.
Desde el centro de estudios Libertad y Desarrollo (LyD), vinculado a la UDI, también se mostraron en desacuerdo con la idea de migrar a un sistema de reparto, aduciendo condiciones demográficas.
“Estamos envejeciendo incluso más rápido que el resto del mundo, porque tenemos tasas de fertilidad muy bajas y, además, una esperanza de vida que crece. O sea, cada vez habrán menos jóvenes en relación a los adultos mayores y eso hace que, cuando estamos en un sistema donde las cotizaciones se pagan con las del momento (de las personas jóvenes), hace que cada vez sea necesario mayor aporte o mayor tasa de cotización”, sostuvo Alejandra Candia.
Sobre la equiparación en la edad de jubilación
No fue del agrado de las organizaciones la propuesta de la Comisión sobre igualar las edades de jubilación de hombres y mujeres en 65 años. Para los entrevistados, el problema de las jubilaciones bajas no pasa por este tema.
“La solución no es aumentar la edad de jubilación. Creemos que se puede discutir el tema, pero en un sistema de reparto justo y no en un sistema en donde te obligan a trabajar más, pero con malas pensiones”, señaló el vicepresidente de la CUT.
Por su parte, Karina Narbona apuntó sobre la situación de las mujeres en el mercado laboral. “El sistema castiga doblemente a las mujeres, porque dentro de su trayectoria laboral, sufren discriminación salarial. Por otro lado, tienen que jubilar antes y estirar sus fondos de jubilación. La solución no es aumentar su edad de jubilación, sino que va por la línea de generar un sistema que tenga como verdadero objetivo entregar pensiones y no la capitalización bursátil como el actual sistema de AFP”.
En LyD la medida fue aplaudida, “nosotros lo compartimos absolutamente. Las mujeres tenemos, en promedio, mayores períodos de lagunas previsionales. Tenemos barreras en el mercado laboral, que hacen que haya más mujeres inactivas, desempleadas y sin contrato formal. Esto hace que el monto ahorrado sea menor y con ese monto tenemos que financiar un mayor número de años, porque las mujeres viven más que los hombres”, declaró Candia.
Aspectos positivos
Desde Fundación Sol valoraron establecer una nueva cotización previsional de cargo al empleador. “Si es que hay algo que se puede destacar es el hecho de que, finalmente, se está integrando una cotización del empleador, pero reconozcamos que la realidad chilena es única a nivel comparado. En todos los sistemas, y así lo establecen los principios de la OIT sobre seguridad social, el empleador tiene que aportar. Entonces, esto es recién ponerse al día con lo mínimo”, señaló Narbona.
Por su parte, el dirigente de la CUT celebró que las Fuerzas Armadas, Carabineros, PDI y Gendarmería pasen a cotizar en un sistema de capitalización individual. “Valoramos que se pida que las FFAA tengan el mismo sistema que tenemos todos los chilenos. O todos los chilenos nos acoplamos al sistema de ellos o, al revés, las Fuerzas Armadas no pueden tener privilegios sobre los demás chilenos, y tendrían que tener el sistema de capitalización individual”.
Alejandra Candia de LyD está de acuerdo, parcialmente, con la propuesta del aumento en el ahorro, a través de un incremento en la tasa de cotización, pero aclaró que “no tenemos idea sobre qué efectos tendrían estas propuestas sobre una potencial informalidad en el mercado laboral”.
-« ¡Ay de vosotros también, maestros de la Ley, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros no las tocáis ni con un dedo! »